Panamá es uno de los países de América con la peor distribución de la riqueza, lo cual significa que una buena parte de los panameños vive en pobreza o en pobreza extrema. Es por ello que habiendo tantos pobres en Panamá, es irónico que florezca de la forma que lo hace la industria de los casinos. Más de 6 mil 500 millones de dólares entraron a esas empresas en un período de solo 10 años, para ganarse –antes de impuestos– más de mil 600 millones de dólares. Los problemas que causan los juegos de azar no son desconocidos para el Gobierno, pero aun así, nada hace por evitar que haya menos casinos o salas de juegos.
Así como de alto tributan las industrias del tabaco y el licor, la del juego también debería pagar impuestos más altos a fin de que el Estado tenga mayores recursos para el desarrollo del país. Que no se diga que estos ingresos solo vienen del turismo, pues las salas de juegos y los casinos están abarrotados de panameños que dejan ahí el salario o el dinero por el que tanto lucharon. Con lo que se ganan estas empresas, bien podría contribuir –con más impuestos– para el aumento a jubilados y pensionados del Seguro Social.