Fenómeno climático. Falta de mantenimiento y planificación. Ineptitud de los funcionarios. Abuso de los consumidores. Tantas suposiciones juntas llevan a temer que algo está turbio, y ya no en el agua de los lagos, sino en la institución que la administra y suministra.
A lo largo de un mes de sudores y desvelos, cientos de miles de residentes de la capital y sus alrededores han sufrido las incomodidades, penurias y riesgos que en materia sanitaria conlleva la vida sin agua potable. Además, decenas de miles de pequeños y medianos empresarios han visto paralizadas sus actividades, esas que les permiten generar ingresos para pagar planillas, seguro social, servicios públicos, impuestos y otros compromisos. La falta de suministro de agua potable es un problema de consecuencias mayúsculas que requiere atención prioritaria y decidida. No solo se trata de superar la coyuntura actual, sino de identificar las debilidades del sistema y tomar medidas preventivas. El país sensato no debería darle cabida al debate de temas como la reelección, la extradición y la segunda vuelta, hasta tanto el Gobierno no plantee un plan de acción para atender un asunto tan vital como es el suministro de agua.