Las autoridades de Salud han dado su dictamen sobre la calidad del agua embotellada. Para ellas, la calidad del líquido que se vende a los panameños no representa ningún peligro, a pesar de que algunas de ellas sobrepasaron los rangos que las normas oficiales consideran como seguras para el consumo humano. En consecuencia, si no hay ningún peligro para quienes la consumen, ¿por qué las normas oficiales dicen otra cosa?
En todo caso, si estas aguas no representan un riesgo para la salud, ¿por qué no modifican las normas existentes a fin de adecuarlas a lo que parecen ser nuevos estándares de seguridad sanitaria? Las regulaciones expedidas por las propias autoridades de Salud en esta materia son para cumplirlas, y si estas son excesivas, el Gobierno puede y debe modificarlas. Pero que sean ellas mismas las que salgan a contradecir el contenido de sus propias normas es algo inédito e inexplicable. Alguna razón habrá para que el Ministerio de Salud asuma esta posición contra sus propias normas, y estaremos a la espera de que pueda darnos una explicación justificable de ello.