El Gobierno pretende hacernos creer que la libertad de expresión es plena, que nadie tiene problemas para expresar libremente sus ideas. Pero expresarse libremente no debería generar temores en quienes lo hacen; expresarse con libertad no debería provocar miedo de ser espiado a través del teléfonos; informar con libertad no debería ser objeto de amenazas de leyes mordaza o represivas.
La falta de tolerancia a la crítica es evidente en las filas del Gobierno y es notorio el temor entre quienes, hasta ahora, levantan la voz para protestar. Los medios de comunicación tenemos la responsabilidad de ofrecer información veraz, sin sesgos, sin manipulación, para que el público pueda llegar a sus propias conclusiones. La transparencia, en cambio, es responsabilidad de los funcionarios que, sin embargo, cada día se hace más difícil que rindan cuentas de sus actuaciones y gestión. Por ello, la libertad de expresión nunca es plena, pues siempre hay intereses que buscan a toda costa ocultar los hechos. Y esta administración ha dado claras muestras de que no es la excepción. No ha habido tal cambio. Es igual a los que tanto criticó.