Una de las condiciones inalienables de la democracia es la libertad que tienen los pueblos de expresar su desacuerdo y protestar en contra de las políticas y decisiones que adoptan los gobiernos. Lamentablemente, en ocasiones los niveles de frustración que sienten grupos de la sociedad han llevado a que este derecho se ejerza de manera violenta, dejando como resultado múltiples heridos y luto en las familias panameñas. Lo cierto es que la violencia nunca soluciona las diferencias, sino que las recrudece, por lo que los actos vandálicos disfrazados de protesta son absolutamente reprochables.
Nuestros estudiantes deben procurarse una formación integral, que les permita participar de forma responsable en los grandes debates nacionales; y las autoridades universitarias deben velar porque esto se dé, en lugar de permitir el fuego cruzado y alentar la politiquería.
Luego de los enfrentamientos de Bocas del Toro, la lección parecía obvia. Un diálogo flexible y sin imposiciones es la única vía para llegar a un acuerdo. Sin embargo, bajo la administración Martinelli el diálogo se ha venido condicionando a la agenda de gobierno. Así las cosas, estamos condenados a que la historia se repita en espiral.