Vivir en una verdadera democracia implica la intervención del pueblo en su gobierno. Para que esto suceda es fundamental que aquellos que comparten ideologías y pensamientos similares logren organizarse y establecer entes políticos encaminados a asegurar el bien común. En oposición o gobierno, este fin debe ser prioritario. Es fundamental que aquellos que ejercen la oposición dejen de lado sus diferencias particulares y logren acuerdos beneficiosos y transparentes para toda la colectividad.
De la misma manera es sano para la democracia el surgimiento de nuevos actores políticos que garanticen un balance adecuado en la vida política del país. Solo así aquellos que gobiernan encontrarán un verdadero contrapeso en sus decisiones. Así las cosas, al menos en el intercambio de ideas los panameños podemos aspirar a que las disposiciones de Estado que se tomen sean las más sensatas, equilibradas y beneficiosas para toda la sociedad, no solo para aquellos que, en turno, ocupan la silla del poder.