El engaño sigue siendo uno de los instrumentos preferidos que utiliza este gobierno para tratar de justificar sus inconfesables propósitos. Las reformas a la legislación minera están claramente dirigidas a la explotación de los recursos minerales, incluyendo el dañino método de cielo abierto.
Las promesas, discursos y palabras de los funcionarios que digan lo contrario solo tratan –sin éxito– de hacernos creer en gastados espejismos. La prueba de ello es la comunicación que ha habido entre el presidente Martinelli y uno de los países que más interesado está en los cambios al Código Minero: Corea del Sur.
La farsa montada por los órganos Ejecutivo y Legislativo no ha engañado a nadie. En todo caso, el Presidente, sus ministros y los diputados son víctimas de su propia soberbia, porque mientras ellos y el presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak, celebran esta victoria, comunidades enteras de indígenas y organizaciones de todo tipo se prepararán para enfrentar en las calles esta nueva acción inconsulta de quienes dicen representar el poder popular.