Ayer, la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ) ordenó a Costa Rica y Nicaragua desmilitarizar el área que se disputan, en una medida destinada a reducir las posibilidades de que el diferendo fronterizo desemboque en un enfrentamiento armado.
El fondo de la cuestión –¿de quién es el área, de Costa Rica o de Nicaragua?– quedó aún por resolverse, y pueden pasar años para que la CIJ dicte su fallo. Mientras, los políticos suman puntos. Puntos que serán más que importantes para Daniel Ortega, el presidente nicaragüense que aspira a ser reelegido en los comicios generales del 6 de noviembre próximo.
El mayor mérito del fallo ha sido su capacidad de ser leído como sendas victorias por las partes en conflicto, que sienten sus pretensiones satisfechas mientras se le pone un freno a la contraparte. Intereses particulares de lado, amerita que estas dos naciones recobren la confianza necesaria para que, mediante el diálogo, logren dirimir sus diferencias y lograr una solución definitiva sobre lo que ambos Estados claman como propio. Solo así se logrará cerrar este episodio de manera pacífica y en beneficio de todos.