En Panamá, por mandato constitucional, la educación oficial es gratuita en todos los niveles pre-universitarios; de allí que, cada año, el Órgano Ejecutivo se vea en la obligación de asignar al Ministerio de Educación una porción sustancial del presupuesto general del Estado.
La mala noticia es que parte de esa inversión se malgasta –se estima que el año pasado las pérdidas rebasaron los 19 millones de dólares; y eso sin tomar en cuenta los recursos entregados como parte del programa de la beca universal– debido a los miles de estudiantes que desaprovechan o reprueban el año escolar.
El pensum académico, la metodología, la vocación y habilidad del maestro son elementos importantes, pero, en la mayoría de los casos, los factores que predisponen al fracaso son la poca o nula disposición del alumno y la falta de compromiso de quienes ejercen la patria potestad. De allí que sea importante recordarles a unos y a otros que, como ciudadanos, tienen la facultad de exigir una buena educación, pero asimismo tienen la responsabilidad de aprovecharla.