Panamá se convertirá en anfitrión de la próxima asamblea de la Unión Parlamentaria. La organización de este evento nos costará la friolera de $4.5 millones, que se pagará con un crédito extraordinario.
La mayoría de las contrataciones serán a discreción –a pesar de que el Gobierno sabía desde hace meses sobre este evento–, pues casi todo se hará por contratación directa.
La sobriedad de reuniones como esta se ha echo a un lado para darle paso al lujo. Tan intrascendente para Panamá es este encuentro que la organización –al menos en lo que se refiere a los gastos– está a cargo de la Autoridad de Turismo, que no se ha privado de nada.
Todo ha sido previsto para que los invitados no se sientan incómodos ni con las superficies que pisarán. Según el ministro de Turismo, el gasto es mínimo porque la presencia de los diputados generará millones dólares para el país. Pero, si el Gobierno paga todos sus gastos (hoteles, comidas, trasporte), ¿en qué gastarán los diputados? ¿En compras? ¿En turismo? Ya que el tema de esta cita es la transparencia de los parlamentos, bueno sería que nos aclararan estas interrogantes.