El Gabinete y el Presidente de la República no han aprendido nada de las pasadas crisis que han tenido que afrontar por ignorar las advertencias que les han llegado de todos lados, incluso de sus adversarios políticos. Tanto desatino es inverosímil, pues es casi imposible chocar tantas veces con la misma piedra. La nominación hecha por el Ejecutivo para reemplazar al magistrado Almengor es inconsulta, apresurada, y hay hasta quienes sostienen que es ilegal.
Después del escándalo en medio del cual renunció Almengor, ¿acaso es necesario un nombramiento tan controvertido? ¿Por qué el Presidente insiste en nombrar como magistrados a gente de sus círculos íntimos? La Asamblea Nacional y los ministros deberían dejar de esconder la cabeza y hacerle ver al gobernante que el clima político puede caldearse, una vez más, por esta costumbre que tiene el Presidente de hacer lo que le viene en gana. También deberían recordarle que propuso cambios, y que ya es hora de que empiece a cumplir su palabra. Que no olvide que gracias a sus promesas llegó a donde está.