Los políticos no aprenden ni de sus errores. Por años, la mayoría de los panameños –según los resultados de numerosas encuestas– ha exigido que los partidos políticos ofrezcan al país un informe público de la identidad de sus donantes y el monto de sus donativos. También llevamos los mismos años esperando que los políticos sean transparentes.
Pero esa preocupación ciudadana nunca les ha robado un minuto de su placentero sueño. Desde aquella vez en que el sospechoso de narcotráfico José Castrillón Henao donó a la campaña electoral del PRD, en 1994, existe la necesidad real de que se devele ese manto que oculta el secreto de las donaciones. Ahí está el más reciente ejemplo, el del colombiano David Murcia, convicto por lavado de activos, cuyo dinero fue a parar a la campaña del actual gobierno. Ahora, esta administración pretende poner distancia del colombiano, pero la suspicacia que generó el manejo de este caso deja un sabor a sospecha y recelo. Ojalá la lección haya sido aprendida; caso contrario, pagarán siempre un precio muy alto, sin contar con el descrédito de su imagen.