Panamá tendrá en poco tiempo –si se concreta el plan– un edificio que será icono de la ciudad capital, no solo por su impresionante altura, sino por la abrumadora cantidad de vidrio y concreto que se necesitará para que tenga ese aspecto de primer mundo que el Gobierno se ha propuesto que sea.
También será el símbolo del atropello y la arbitrariedad, pues para construirlo el Gobierno tendrá que echar mano de instalaciones y terrenos de otro icono de la ciudad: el hospital Santo Tomás, que es, además, patrimonio histórico de la nación.
Esta administración parece decidida a borrar nuestro pasado solo para complacerse, pues no olvidemos lo que quiere hacer con el Casco Antiguo, otro sitio que es patrimonio histórico, pero de la Humanidad. Si tanto desean la faraónica torre, bien podría construirla en el sitio escogido para la ciudad gubernamental, que es donde debería estar. Es absurdo destruir nuestro patrimonio histórico, solo para complacer los caprichos de algunos funcionarios.