El Gobierno viene utilizando una fórmula peligrosa para evitar que los servicios básicos, la gasolina o la canasta básica suban de precio. Se trata de los subsidios, que en este momento cuestan al Estado cientos de millones de dólares al año. Recientemente, el Ejecutivo anunció que planea evitar subidas de precio de los alimentos y de la energía eléctrica. Se trata de iniciativas populistas que terminarán en auténticos desastres políticos y sociales cuando el Estado ya no lo pueda afrontar por el volumen de dinero que ello exige.
Para agravar la situación, nuestros funcionarios no han considerado el hecho de que estos subsidios están fomentando la irresponsabilidad ciudadana, que no se mide, que no ahorra, pues puede consumir mucho más allá de sus posibilidades económicas, gracias a que el Gobierno patrocina, en muchos casos, estos abusos. Puede que ahora haya los recursos, pero, ¿qué pasará cuando la situación económica no sea tan próspera? Tanta complacencia por parte del Gobierno terminará en estallidos sociales cuando las arcas no soporten más semejante carga.