Las cosas en Panamá –cuando se trata de las bribonadas de siempre– no parece que vayan a cambiar. Otras fincas, que de la noche a la mañana pasan de valer unos pocos cientos de dólares a cientos de miles de dólares, siguen siendo utilizadas para garantizar fianzas de excarcelación en casos de alto perfil. ¿Qué banco aceptaría estos terrenos sin valor como garantía de préstamos? Ninguno lo haría, pero nuestro flamante sistema judicial los acepta con los ojos vendados, como la dama que representa la justicia.
De hecho, los que se llenan los bolsillos con tan próspero negocio son defendidos y hasta protegidos gracias a los fallos emitidos por jueces que luego aceptan estos terrenos como garantías en los casos que manejan. Pero lo cierto es que valorar terrenos de la forma en que se hace no es más que un engaño para la justicia. Nadie es responsable de estos fraudes y nadie hace nada para solucionar lo que evidentemente es una fisura. La fórmula, por lo tanto, es perfecta. Entonces, ¿cómo pueden quejarse de que la Corte Suprema de Justicia sea considerada una tienda donde se venden y compran fallos?