Después de insultos, de tener al país en vilo porque la segunda vuelta electoral hay que aprobarla de todas maneras –incluso, llegando al chantaje– las cabezas de la alianza –Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela– abandonan el país en un “viaje privado” con sus respectivos críos.
Es decir, después de una disputa agria y pública, ellos toman un vuelo para reconciliarse. Es un completo absurdo que, mientras ellos se divierten, acá en Panamá tengamos que preguntarnos: ¿A dónde se fueron? ¿Quién quedó a cargo de tomar las decisiones en su ausencia? ¿Cómo queda el tema de la Presidencia de la Asamblea, por la que las bancadas oficialistas se han dicho de todo?
¿Esta reconciliación significa que la segunda vuelta electoral cuenta con la bendición del líder del panameñismo o CD renuncia a esta pretensión? Preguntas cuyas respuestas tendremos que esperar hasta que regresen del misterioso viaje. ¿Y qué debemos esperar tras su retorno? ¿El final feliz de esta desagradable disputa? El país no merece tanto sobresalto inútil e innecesario.