La ministra de Trabajo –en su habitual forma de conducirse– ha vuelto a atacar a un reportero de este diario. La alta funcionaria aún no entiende que los medios de comunicación que somos independientes, tenemos la obligación de informarle a la ciudadanía aquellas cosas que ella preferiría que se mantuvieran ocultas. Ya en 2009 –cuando el caso Murcia apenas empezaba a soltar lodo– la hoy ministra intentó ponerle precio a un periodista de La Prensa, y su forma de conducirse como dirigente de Cambio Democrático ha pasado ya por campañas de televisión desprestigiando a periodistas y adversarios políticos.
Que no le quede duda a nadie de que, en esta democracia que nos ganamos, los periodistas panameños seguiremos haciendo nuestro trabajo. Sería bueno que la ministra hiciera el suyo, el que, según la ley, incluye rendirles cuentas exhaustivas a los contribuyentes –todas las veces que sean necesarias– sobre “babosadas” tales como sus familiares en sociedades que ganan onerosas “licitaciones” en su cartera, o que aclare qué controles hay sobre estas empresas que no tienen local ni personal idóneo para dar los cursos del programa “Mi primer empleo”. Si de algo puede estar segura la ministra es de que sus amenazas nos confirman que aún hay mucho por investigar.