La actuación de la selección de fútbol de Panamá en la Copa Oro –con el liderazgo indiscutible de su técnico Julio Dely– ha llenado de orgullo a todos los panameños, que hemos seguido segundo a segundo los partidos de este torneo, haciendo posible sueños que hasta hace pocos días eran casi imposibles. Su esfuerzo merece todo nuestro reconocimiento, aunque no haya llegado hasta la final. Estos atletas se han encumbrado por encima de sus problemas, de su difícil entorno, e inclusive de la indiferencia y de la falta de apoyo.
Lo que quedó demostrado esta vez es que cuando la “Sele” se lo propone, puede llegar a hacer el milagro: ese con el que sueña todo el país, ese que parece lejano e inalcanzable. Julio Dely, por su lado, obtuvo frutos insospechados, lo que reafirma su papel de técnico, y de líder deportivo. Logró un equipo preparado, disciplinado y físicamente estupendo. Ellos son héroes y merecen reconocimiento, puesto que si alcanzaron tanto pese a carencias y privaciones, imaginemos entonces lo que podrían hacer con mejores condiciones y más estimulo de parte de todos.