Nada gana y, por el contrario, mucho pierde la democracia panameña con el hecho de que Cambio Democrático haya terminado por engullir el Molirena. Confluyeron en la formación de la colectividad que ahora desaparece, el sentir y el pensamiento de una generación política para la cual los principios y los valores del liberalismo importaban más que las cuotas clientelistas servidas por el gobierno de turno.
En un país donde las masas solo siguen sin cuestionar la estela de caudillos cerriles, el Molirena pretendió arraigar en nuestra cultura política los conceptos fundamentales del liberalismo como corriente filosófica y económica, promotora de las libertades civiles, opuesta al despotismo y defensora de la separación de los poderes del Estado y de la democracia representativa. Se ha impuesto la ley del que manda y otorga espacios en la maquinaria burocrática para asegurarse lealtades. Lealtades que perduran lo que dura un gobierno y, por lo tanto, transferibles a la administración siguiente para asegurar la sobrevivencia. Triste réquiem para un partido que algún día levantó en nuestro patio las insignias del liberalismo.