¿En qué se diferencia la compra de tierras estatales que hizo el tío del expresidente Torrijos y la que realizaron ministros de esta administración? Pues en nada. Todos las adquirieron por una suma irrisoria amparados en esas fisuras de la ley que dejan abiertos enormes espacios para el “juega vivo”. ¿Son acaso sus dos ministros campesinos desposeídos sin tierras propias que ameritan semejante largueza? ¿Por qué después de lo sucedido con Charro Espino, la Reforma Agraria sigue regalando las tierras de la Nación? Pues la razón es que la legislación es muy conveniente para quienes rondan el poder y harto dura para los hombres del campo. Los legalismos que pretenden justificar el despojo no le sientan al presidente Martinelli, quien como hombre de negocios, y ahora responsable del patrimonio nacional, sabe perfectamente que el precio es indefendible. El mensaje que envía es aterrador: ya pueden los demás miembros del Gabinete buscar sus latifundios, la tierra está en ganga y cuentan con el apoyo incondicional de su jefe. Eso sí, luego no se molesten cuando alguien les diga “entran limpios y salen millonarios”.
Hoy por Hoy 2011/07/06
06 jul 2011 - 05:00 AM