Exasperado por el doble discurso de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Andrés Pastrana reaccionó al secuestro del presidente de la Comisión de Paz del Senado colombiano, declarando el fin de las negociaciones del proceso de paz y de la llamada zona desmilitarizada. Demasiada paciencia ha tenido, porque las FARC han utilizado el llamado proceso de paz para fortalecerse militar y económicamente con impunidad, como si se tratara de un Estado dentro de otro Estado. En la práctica, Colombia abdicó de su soberanía y jurisdicción sobre un territorio de 42 mil kilómetros cuadrados (mayor que la mitad de la república de Panamá) sobre el cual las FARC ejercen un control absoluto y hasta ahora indisputado. En verdad, las negociaciones de paz solo han beneficiado a la guerrilla, que continúa perpetrando atentados, ejecutando secuestros, asaltando a quien le plazca, volando oleoductos y líneas eléctricas de alta tensión. Aunque sea duro aceptarlo para quienes creyeron en la paz negociada, se han burlado del presidente Pastrana, de su gobierno, de la propia Colombia, y de los países y organizaciones internacionales que apoyaron las negociaciones. El asunto puede tener serias implicaciones en la frontera con Panamá y, por ello, es preciso redoblar la vigilancia fronteriza y solicitar toda la ayuda internacional necesaria para proteger nuestra seguridad nacional.
Hoy por Hoy 2002/02/21
21 feb 2002 - 05:00 AM