El Ministerio Público conduce en estos momentos la investigación más delicada que jamás pudo preverse, porque, como se ha dicho en innumerables ocasiones, las denuncias de los sobornos en el legislativo no son un problema que ataña a un partido, sino que vinculan en un zarpazo a los tres órganos del Estado. Es lógico que la Procuraduría encuentre obstáculos difíciles de sortear en el proceso y por ello la ciudadanía espera de los fiscales que adelantan la investigación el máximo empeño por llegar hasta el fondo de los hechos. Pero no es suficiente que la investigación se conduzca con tesón. Además, los agentes del Ministerio Público deben actuar con extremo cuidado y con extrema pericia, de modo que no surjan esos terribles demonios del formalismo legal que los abogados llaman causales de nulidad del proceso. Ninguna duda cabe de que para que se haga justicia es esencial que se respeten los derechos y garantías de los acusados. Pero ninguno de los despachos que intervienen en esta tarea delicada debiera olvidar ni por un minuto que el país espera resultados que den certezas y no jugarretas procesales que desconciertan y matan toda esperanza.
Hoy por Hoy 2002/03/10
10 mar 2002 - 05:00 AM