En una época de bochornosos escándalos, llama la atención que, curiosamente, diálogo sea una de las palabras más empleadas. Distintos sectores políticos, económicos y sociales, con posiciones encontradas, sacan tiempo para reunirse horas y horas en la búsqueda de avenencias sobre asuntos del máximo interés nacional. Destacan las mesas del diálogo por la educación, la Caja de Seguro Social y la reactivación económica. Es meritorio que esas mesas de diálogo se hayan preservado, a pesar de las turbulencias características de este momento, en el que es mínima la credibilidad de que gozan los dirigentes y las principales instituciones del Estado. No obstante el esfuerzo, sectores participantes en esas iniciativas están cayendo en un perjudicial dialoguismo, como si solo platicaran -con palabras, dichos y discursos- con los mismos de su grupo, y sin atender a los legítimos intereses de la nación. El diálogo por la Caja, que debía encontrar fórmulas para afrontar el déficit actuarial, se encuentra empantanado. Existen amagos similares en relación con el uso del Fondo Fiduciario para el Desarrollo. Responsabilidad es lo que exige la nación a sus dirigentes. Y no dialoguismo ni política del avestruz.
Hoy por Hoy 2002/03/19
19 mar 2002 - 05:00 AM