El país está sumido en una preocupante crisis de credibilidad. El deterioro de la imagen de los políticos y las instituciones ante los ojos de la ciudadanía se ha acentuado en los dos últimos meses, desde que el legislador Afú mostró y guardó frente a las cámaras los legendarios fajos de billetes. Así es el cuadro político nacional, a pesar de las compresas que de un lado y otro se pretende poner a la situación. Los índices de opinión pública reflejan cómo se ha incrementado la preocupación frente a la corrupción. Ni el trabajo de la Comisión Presidencial Anticorrupción, cuya creación sirvió de válvula de escape ante las denuncias, ha conseguido aplacar el malestar social. Y poco o nada se conoce sobre la aplicación de sus 50 recomendaciones. Empeora, asimismo, la impresión que se tiene sobre la administración de justicia. Paradojas peligrosas vivimos: el mismo procurador que investiga a miembros del Legislativo puede ser enjuiciado por los parlamentarios. Dentro de este ambiente, está por concluir la negociación para usar el Fondo Fiduciario. La crisis de credibilidad hace prever el rechazo, aún en la hipótesis de que se conceda el oro y el moro. Los sicólogos hablan de disonancia cognoscitiva para referirse a aquella incongruencia en que la fe domina a la razón. Panamá padece este desequilibrio.
Hoy por Hoy 2002/03/21
21 mar 2002 - 05:00 AM