La Semana Santa suele alejarnos de los afanes cotidianos y, por tanto, es propicia para dedicar algún tiempo a la meditación sobre valores y propósitos individuales y colectivos. Son nobles objetivos, en abstracto compartidos por la mayoría, aunque pocos parecen darse cuenta de que alcanzarlos y mantenerlos requiere de voluntad, disciplina y responsabilidad. Hasta ahora los panameños no hemos sido capaces de conciliar los intereses particulares, los de grupos y los de partidos, con los más generales y elevados de la República. Las propias autoridades, que deberían ser ejemplo de civismo y elevación de propósitos, fomentan las rencillas, cultivan las divisiones y siembran los embriones de peligrosas rivalidades y fanatismos políticos. Tiempo habrá para ocuparnos de las diferencias partidarias e ideológicas que tan sabiamente concilia el credo democrático, dentro del cual encuentran expresión las más variadas ideas, teorías y concepciones políticas. Hacerlo ahora, antes de consolidar las instituciones y restaurar el derecho, es crear condiciones que irremisiblemente harían perecer la libertad y fracasar la democracia. Reflexionemos todos sobre las consecuencias que nuestros actos de hoy tendrán en el mañana. Ese es el más elevado deber moral y patriótico, ante el cual debemos deponer otras consideraciones, por importantes que puedan parecer desde la estrecha perspectiva del momento.
Hoy por Hoy 2002/03/29
29 mar 2002 - 12:00 A M
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