A través de muchas amargas experiencias, sobre las promesas electorales, los panameños hemos acumulado abundantes razones para ser escépticos. Las promesas que se hacen al calor de la campaña electoral, muy raramente se cumplen. Ello ocurre porque nuestro pueblo, alegre tropical y despreocupado, nunca ha aprendido que la democracia no es solo escoger a los gobernantes; también es exigir rendición de cuentas ante el electorado. Votamos por ustedes, lo que prometieron no se cumplió y queremos saber por qué no cumplieron. Para muestra, basta un botón. En Nuestro Compromiso para el Cambio se prometió establecer los controles para evitar el nepotismo. Ahora, ante las sugerencias de la Comisión Presidencial para Combatir la Corrupción, la presidenta opina distinto. Para ella, en los países con escasa población, es casi inevitable dar responsabilidades públicas a allegados o parientes. ¿Olvidó lo que prometió en su programa de Gobierno o, tal vez ni siquiera lo leyó. Hay que ser consistentes en todo, y las palabra empeñada debe cumplirse siempre, a menos que circunstancias posteriores la hagan de imposible cumplimiento, pero en todo caso, los mandatarios están obligados a rendir cuentas a sus mandantes, porque siempre deben exigirlas.
Hoy por Hoy 2002/04/08
08 abr 2002 - 05:00 AM