Venezuela es un país bendito por la naturaleza con extraordinarios recursos, pero maldito por una clase política corrupta e incapaz, que convirtió la demagogia, la irresponsabilidad y el populismo en la bandera favorita de sus partidos políticos y también de sus dictadores. Hugo Chávez aprovechó la debilidad y la falta de opciones políticas creíbles del COPEI y los ADECOS para lograr la presidencia, y engañó a los venezolanos, como muchos antes que él lo hicieron. Error imperdonable, por la sencilla razón de que un militar golpista no puede ser un buen presidente democrático. Sería un milagro enseñar a un carnívoro a ser vegetariano, y esos milagros muy raramente ocurren. Chávez moldeó las instituciones venezolanas a su medida, las irrespetó cuando le vino en gana, se ganó la animadversión de los inversionistas nacionales e internacionales, coqueteó con la fácil demagogia fidelista, ofreció refugio a movimientos guerrilleros colombianos e irritó a la mayor parte de los países con los cuales Venezuela tiene relaciones diplomáticas y comerciales. ¿Ahora, qué? Algunos generales integrarán una Junta Provisional de Gobierno -casi siempre las llaman así- que hará todo lo posible para eternizarse en el poder, dada la debilidad de los partidos políticos existentes. Allí es donde deben intervenir con prontitud, decisión y efectividad los organismos internacionales, para que Venezuela pueda superar la crisis y retornar a la normalidad democrática. ¡Aprendamos de la experiencia!to
Hoy por Hoy 2002/04/12
12 abr 2002 - 05:00 AM