Para cualquier observador de la situación colombiana en los últimos meses, es evidente que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han cambiado de estrategia después de que el ejército las desalojó del santuario que se les concedió en la zona desmilitarizada. Ahora las FARC pretenden, y lo han demostrado, hacer cuanto esté a su alcance para sabotear el proceso electoral colombiano. El asesinato de funcionarios electos y nombrados, los secuestros a candidatos y el reciente atentado contra el candidato presidencial Alvaro Uribe Vélez no dejan lugar a duda alguna. Lo que quieren es viciar las elecciones por intimidación o, si les es posible, evitarlas del todo. De ese modo el actual gobierno perdería legitimidad por haber expirado su mandato, sin que hubiesen sido electos sus sucesores. Por eso es de vital importancia que los organismos de seguridad colombianos ofrezcan la máxima protección posible a los candidatos, aunque ello implique restringir un poco la libertad de sus actividades electorales. Por supuesto, eso requiere de una clara coordinación entre los candidatos y las autoridades, para que después no surjan los reclamos a los que tanto acuden los perdedores. Después de todo, lo que está en juego es la democracia en Colombia, y eso deben entenderlo todos los que se consideran demócratas.to
Hoy por Hoy 2002/04/16
16 abr 2002 - 05:00 AM