Dentro de la agitada actualidad internacional un hecho ha pasado casi inadvertido: la dimisión en pleno del Gobierno holandés y la del comandante en jefe del Ejército. El motivo: su responsabilidad moral por la inoperancia y la pasividad militar holandesa durante la caída, el 11 de julio de 1995, de la localidad bosnia de Srebrenica. La toma del enclave por las fuerzas serbio-bosnias y las masacres que le siguieron costaron la vida a más de 7 mil 500 hombres de religión musulmana, lo que indignó a la comunidad internacional. Por la matanza hay varios acusados de genocidio, entre ellos Milosevic y antiguos líderes serbio-bosnios. La responsabilidad del Gobierno de La Haya es de otra naturaleza. Un demoledor informe oficial elaborado por el Instituto de Documentación de la Guerra, de Holanda, acusó al Gobierno de La Haya de no haber calculado las consecuencias del envío de soldados inexpertos a una misión imposible, lo que, al final, los hizo presa de la pasividad. Si bien dentro de pocas semanas habrá elecciones generales en Holanda, la dimisión es un buen ejemplo de cómo deben asumir su responsabilidad quienes dirigen los destinos de los pueblos. Nuestro derrotero como país sería promisorio si en cada acción, sea despojándose de una inmunidad o de otro privilegio, nuestros líderes aprenden y aplican algo de vergüenza política.
Hoy por Hoy 2002/04/19
19 abr 2002 - 05:00 AM