Si se organizara un concurso para elegir el monumento al abandono nacional habría que concedérselo al hospital de Clayton. Después de tres años de haber sido transferido por las Fuerzas Armadas estadounidenses, el Gobierno no ha sabido qué hacer con ese valioso bien oficial. Con una envidiable ubicación dentro del antiguo Fuerte Clayton, el complejo hospitalario es una ciudadela con capilla, motel, gimnasio, escuelas, restaurante, piscina, áreas de entretenimiento y hasta un centro de detención. Por ese complejo, habilitado como hospital en un periodo y oficinas administrativas en otro, pasó la crema y nata de la comunidad castrense de Estados Unidos, tanto en tiempos de guerra como de paz. Para los agentes era un privilegio laborar en un área arquitectónica y urbanística dotada de tantas facilidades. Su apogeo cesó cuando ingresó al patrimonio administrado por la ARI, que le puso candados a los edificios y se desentendió del asunto, como si pesara sobre estas edificaciones una maldición. Después de un tiempo muerto en manos de la ARI, el Consejo de Gabinete cedió el complejo a la Caja de Seguro Social, que proyecta ocuparlo con oficinas administrativas. Mientras el Gobierno desembolsa altas cuantías en alquileres para albergar ministerios y pregona la necesidad de crear la Ciudad Gubernamental, el hospital de Clayton es víctima de la inexcusable negligencia con la cual se administra el patrimonio público.
Hoy por Hoy 2002/08/28
28 ago 2002 - 05:00 AM