La audacia y el carácter cinematográfico de los asaltos cometidos contra turistas extranjeros en las últimas semanas han inquietado a la comunidad nacional. Los asaltantes planificaron cada uno de sus pasos, no se intimidaron por la luz del día y emplearon técnicas sofisticadas y armas de grueso calibre para arrebatarle a estas personas el dinero y los bienes que portaban. Las bandas delictivas se enseñorean por las calles, en una ola creciente de inseguridad que azota a la ciudadanía. Es alarmante que el letargo sea la respuesta a los niveles de violencia que están afectando no solo a los nacionales sino también a los extranjeros. Panamá es un hospedero inquietante. Con un potencial turístico extraordinario, nuestro país no provee de seguridad a quienes lo visitan durante convenciones, en actividades comerciales o por placer. En una época dramática de vacas flacas, el turismo, sobre todo el externo, ha inyectado a la economía por año más de 500 millones de dólares y se perfila como uno de los rubros con mayor perspectiva. Se habla mucho del diseño de una estrategia nacional de turismo y se invierten millones de dólares en campañas internacionales para persuadir a los turistas de que elijan Panamá como destino de sus viajes. Es hora de que la seguridad a los turistas parta de una política unificada, que no dé ningún margen a que los funcionarios se tiren entre ellos la pelota de su incapacidad.
Hoy por Hoy 2002/08/30
30 ago 2002 - 05:00 AM