La ley de contrataciones públicas se dictó con el propósito de agilizar los procedimientos y darle mayor credibilidad a los resultados. No se ha logrado ni una cosa ni la otra, y para ilustrarlo basta recordar lo ocurrido en la licitación para la rehabilitación y ampliación de la planta potabilizadora de Chilibre, que hace más de un año se consideraba de urgencia notoria. Se recurrió a un proceso de excepción para que la licitación se hiciera por invitación. Las controversias, denuncias e impugnaciones entre los participantes no fueron resueltas con la claridad que la circunstancias exigían y se resolvió anular la licitación y convocar a otra. Ocurrió lo mismo y también se anuló. Ahora, la junta directiva del IDAAN ha resuelto convocar a una licitación abierta, no por invitación. Si para resolver las controversias que indudablemente habrá entre los licitantes, prevalecen los mismos criterios que hasta ahora han utilizado, el proceso de contratación puede tardar mucho tiempo, demasiado para las miles de personas que necesitan agua en la cantidad y calidad que satisfaga sus necesidades. Reformar la ley de contratación pública es importante y relativamente sencillo, pero cambiar la mentalidad de quienes la interpretan es, como suele decirse, obra de romanos.
Hoy por Hoy 2002/09/16
16 sep 2002 - 05:00 AM