Hoy por Hoy 2002/09/30

En el medio político local es un verdadero tabú referirse a las donaciones y contribuciones para el financiamiento de las campañas electorales. Pese a que en más de una ocasión se ha propuesto su regulación, nada es lo que se ha conseguido, a excepción de la instauración de un apoyo financiero estatal a los partidos. Todos dan por descontado que financiar una campaña no es un ejercicio de amor al arte y que aquel candidato que resulte victorioso deberá pagar con creces a su benefactor. Empieza a desenvolverse el ciclo pernicioso de la corrupción, que tanto daño material y moral ocasiona a países como el nuestro. Para el donante su financiamiento es una inversión y no un obsequio a fondo perdido para su partido o candidato. Así como han traído dolores de cabeza a gobernantes de distintas naciones del continente -entre ellas Panamá, las donaciones de campaña encienden la política costarricense. Como consecuencia del escándalo que protagonizó el ex canciller Hemult Kohl, Alemania ha actualizado su ley de partidos políticos con el propósito de erradicar la corrupción. Las infracciones, entre ellas aquellas relacionadas con las donaciones, pueden ser castigadas hasta con tres años años de cárcel. Harían bien los políticos del país si enterraran el tabú de las donaciones o contribuciones de campaña, sobre todo en una época de tanta corrupción y dineros “sucios” circulantes.

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