El sistema penitenciario nacional es una suma de defectos estructurales que convierten las prisiones en universidades del crimen, con la carga terrible para la vida social que conlleva esa denominación. La resocialización y la rehabilitación, por regla general, son conceptos abstractos de la teoría y la legislación penitenciarias. El hacinamiento en los presidios salta a la vista. Hoy se contabilizan 10 mil privados de libertad, lo que representa una sobreocupación del 30 por ciento en relación con la capacidad de los espacios construidos. Más del 50 por ciento de los reclusos no han sido sometidos a juicio y no existen pabellones especiales de clasificación de los detenidos, según su grado de peligrosidad y los delitos cometidos, como recomiendan las normas internacionales. En muchos países las cárceles son un dolor de cabeza, y en Panamá son un desastre, donde los presos dictan las reglas. Los responsables del sistema tienen que deslindar responsabilidades sobre la denuncia de la violación carnal por un grupo de presos dentro de uno de esos recintos en perjuicio del autor confeso del asesinato de un religioso, y adoptar mecanismos que prevengan el círculo infernal del crimen. Este hecho deplorable refleja la condición infrahumana que se vive en los presidios y la indiferencia con que las autoridades abordan el asunto.
Hoy por Hoy 2002/10/03
03 oct 2002 - 05:00 AM