Una de las más frecuentes perplejidades que asaltan al ciudadano es que, ante la existencia de algún problema de orden público, ningún funcionario reconoce tener responsabilidad. En estos casos nadie parece ser culpable ni tener la competencia para afrontar las cuestiones que se plantean, por lo que el ciudadano queda sin respuestas y, naturalmente, desamparado. De allí que la comunidad ha optado, como una vía de escape segura, recurrir a los medios de comunicación para exponer sus problemas. Esto no solo tiene sentido práctico, sino que habla bien del funcionamiento del sistema democrático que, a través de la libertad de expresión y, de alguna forma, frente a la actitud inconsecuente e irresponsable de los gobernantes [que se hacen de oídos sordos de las opiniones y los sentimientos de la población], los periodistas se convierten en voceros de la ciudadanía. Esta realidad revela también que cuando los problemas no se solucionan no es por falta de leyes o reglamentaciones, sino por la inercia o elusión de responsabilidades de los que ostentan el poder. Para ser eficiente, un gobierno no debe actuar contra los medios ni avasallar a los periodistas, debe solo ser consecuente con las necesidades del pueblo.
Hoy por Hoy 2002/11/12
12 nov 2002 - 05:00 AM