En una rueda de prensa, los magistrados del Tribunal Electoral se comprometieron a cancelar las cédulas existentes y a cambiarlas por otras, como si se tratara de un simple problema técnico. Pero no lo es, y si lo fuera, los métodos más modernos están por igual al alcance de las autoridades y de los delincuentes. Más importante que tales minucias es averiguar cuál era el propósito de las cédulas brujas. Esperamos que nadie en Panamá piense que se puede volver al tiempo viejo en que se corregían los errores de los votantes con oportunos paquetazos. No hay marcha atrás. El que no se dé cuenta de esta realidad no tiene nada que hacer ya en el mundo de la política. Aquí se acabaron para siempre los fraudes electorales. Nadie está dispuesto a tolerarlos. No obstante, aún se sospecha que a alguien se le ocurrió que los plásticos base para la confección de las cédulas digitalizadas podrían emplearse con una finalidad fraudulenta que pondría en peligro el sistema democrático panameño, que se conquistó después de una titánica lucha popular, que costó sudor y sangre. El problema más serio no es el hecho en sí de que extraviaran lotes de plásticos base para las cédulas, sino el objetivo real en que se utilizarían. De no haber una respuesta concreta a esta interrogante, prevalecerá la suspicacia de que serían usados para cometer un fraude en el próximo torneo electoral, lo que por sí solo es una estocada a nuestro sistema democrático.
Hoy por Hoy 2002/11/27
27 nov 2002 - 05:00 AM