La comunidad nacional aún se encuentra aturdida por el caso del material plástico base para la elaboración de cédulas digitalizadas. Medidas de seguridad en el manejo del material fallaron, lo que ha causado un clima de incertidumbre. Ante la posible pérdida de credibilidad, previo a los comicios de 2004, el Tribunal Electoral, en acertada decisión, ha enfrentado el problema y ha dispuesto reemplazar todas las cédulas digitalizadas previamente emitidas. Existe el peligro de que manos facinerosas hayan duplicado las cédulas de identidad para cometer cualquier fechoría. La criminalidad está tan bien organizada que en muchas ocasiones supera en técnica y estrategia el actuar de las instituciones del Estado. Existe también la opción de que a alguien se le hubiese ocurrido emplear cédulas ilegales para cometer un fraude electoral. Si esa hubiese sido la intención, se trataría de un exabrupto de marca mayor, pues la ciudadanía no tiene dudas de que la democracia es el mejor sistema político que existe, y que vulnerarlo sería un suicidio. Las autoridades tienen el deber de investigar a fondo los entretelones de este delito, identificar a los responsables y aplicar penas en concordancia con el daño ocasionado. Resta una posibilidad: que las cédulas fueran para inmigrantes ilegales de paso para el Norte. Pero este camino también está cerrado. Si hubiese alguien en el gobierno que sucumbiese ante la tentación de contrabandear seres humanos, debe recordar la suerte corrida por Pérez Balladares y varios altos funcionarios suyos, quienes no pueden pisar suelo estadounidense, ya que de hacerlo serían inmediatamente arrestados.
Hoy por Hoy 2002/12/01
01 dic 2002 - 05:00 AM