La situación laboral del país evidencia el colapso en que se encuentran la economía y la sociedad, y la necesidad de que la discusión sobre nuestro futuro no quede circunscrita a pretensiones de aumentar el salario mínimo y se concentre en las fórmulas para recuperar la producción y el empleo. El desempleo está asfixiando la economía familiar, y, ante el inminente cierre de la bananera en Puerto Armuelles y otras multinacionales que han perdido su interés de producir en Panamá, el índice de desocupación llegará pronto a un pico histórico mayor que en los peores tiempos de la Gran Depresión. Pero la cuestión no se agota allí, ya que el desempleo tiene efectos significativos sobre la vida de las personas y la sociedad. El empobrecimiento impide el acceso a servicios fundamentales como la educación y la salud, lo que afecta la capacidad de esta generación para obtener una formación que le permita progresar en el futuro. De este modo, la desocupación configura un círculo vicioso de deterioro y retroceso, lo cual erosiona la esperanza que, con el tiempo, se convierte en un caldo de cultivo para la proliferación de conductas antisociales. Es indispensable, por lo tanto, plantear la pregunta de por qué se ha llegado a este punto y qué se va a hacer.
Hoy por Hoy 2002/12/02
02 dic 2002 - 05:00 AM