La situación planteada en torno a la reforma tributaria requiere una reflexión que resulta imprescindible, ya que el destino económico del país y, en consecuencia, el bienestar de sus habitantes dependerá de qué se haga. El futuro económico pende solo de una determinación: reducir el gasto público, sobre todo a partir de un recorte drástico y definitivo del costo de la burocracia estatal y política, cuyo peso soportan desde hace mucho tiempo las espaldas de todos los panameños. El exceso del gasto público conlleva a un déficit fiscal sostenido que inevitablemente se convierte en incremento en la deuda pública. Lo cierto es que el Gobierno, con su enorme apetito por gastar, necesita cada día más dinero para seguir gastando, pero de ninguna forma se ha planteado cómo reducir gastos innecesarios e infundados. Si no hay una demostración de propósitos de reducir el gasto, no habrá ninguna justificación para aumentar impuestos existentes o crear tributos nuevos. El populismo politiquero y la demagogia criolla no son los mejores criterios para orientar una sana política fiscal. No se trata de no gastar, sino de gastar adecuadamente.
Hoy por Hoy 2002/12/03
03 dic 2002 - 05:00 AM