De hondas raíces históricas han brotado los frutos amargos que ahora cosecha el país en Chiriquí. Desde que inició sus operaciones, la United Fruit Company ha ejercido con la activa complicidad de funcionarios venales- el monopolio de la explotación bananera en Panamá y el resto de Centroamérica. Un fallo del Tribunal Supremo de Justicia de EU obligó hace 50 años a la empresa a vender una buena parte de sus extensiones de tierra en Centroamérica a otras empresas rivales, como la Standard Fruit, por ejemplo. El resultado está a la vista en Costa Rica: los dos gigantes (y otros compañías más pequeñas) enzarzados en una intensa y saludable competición han convertido al Atlántico en una zona de enorme producción y gran prosperidad económica. Si una de ellas, por dificultades económicas, cesara sus operaciones, sería reemplazada por las otras de inmediato. En Panamá los sucesores de la UFC continuaron la política de esta de impedir sistemáticamente el establecimiento de sus rivales en nuestro suelo para mantener su insensato monopolio, con la complicidad de gobernantes incapaces de ver más allá de sus narices. Una de sus tretas ha sido impedir el uso del ferrocarril y del muelle de Almirante a otras empresas que, por tener sus propios mercados, no van a arrebatarle los suyos. Ha llegado la hora de no dejarse llevar por el pánico, sino de replantearse, también de raíz, toda la política bananera de Panamá.
Hoy por Hoy 2002/12/04
04 dic 2002 - 05:00 AM