La celebración de la Navidad conlleva un mensaje universal que alcanza tanto a los creyentes como a los no creyentes. Es una fiesta para la esperanza. Y justamente por eso, esta fecha ha trascendido la dimensión religiosa y se ha metido en nuestra cultura y en quienes trabajan por una mayor justicia y solidaridad. Nuestra sociedad, que genera tanto bienestar como miseria, brinda oportunidades para intensificar esas dimensiones de generosidad, entrega, espíritu de sacrificio que todos tienen en lo más profundo del corazón. Por eso, así como a los cristianos la Navidad les invita a caminar en la esperanza brindando intenso amor a los demás, sería muy bueno que también esta fiesta pueda ser aceptada por quienes no creen, como un llamado a incentivar todas aquellas motivaciones que hacen vivir con más fe y confianza. Que el Espíritu de la verdad, que anima el corazón de todos los hombres de buena voluntad, nos enseñe a ser más justos y solidarios para que podamos alentarnos unos a otros en la esperanza. Ojalá esta Navidad sea el comienzo de algún cambio positivo para este país, y que la paz que trajo el Hijo de Dios al mundo llene nuestros corazones y nuestros contextos de vida.
Hoy por Hoy 2002/12/25
25 dic 2002 - 05:00 AM