Aunque difícilmente alguien cuestionaría la afirmación de que, en los albores de un nuevo siglo, el progreso debe incluir necesariamente la conservación de la naturaleza y de la historia, las acciones concretas suelen contradecir muy frecuentemente tal principio. En días pasados, este diario publicó una foto en la que se apreciaba la tala de un hermoso árbol de la ciudad, en predios cercanos al área bancaria, que serán destinados a obras de infraestructura. Aunque el terreno es propiedad privada, los vecinos del lugar y organizaciones ecológicas plantean otra perspectiva, ya que sostienen que es uno de los pocos espacios en donde todavía se conserva intacta la ciudad. La importancia de la conservación está dada porque sirve para la depuración del aire y del agua, además de la retención de contaminantes. Equilibrar el necesario progreso, que implica obras de infraestructura y la protección del medio ambiente, es un dilema clásico. Para resolverlo de la mejor forma es preciso tener en cuenta que los espacios sin construcciones no son vacíos o inútiles ya que cumplen funciones tales como preservar el paisaje o dar lugar al esparcimiento de la población. Se trata de criterios que son necesarios tener en cuenta en los proyectos de obras públicas o privadas.
Hoy por Hoy 2002/12/26
26 dic 2002 - 05:00 AM