Ante los cambios tan dramáticos que marcan la época actual, Panamá se está quedando atrás. Lamentablemente, los dirigentes locales se han abstraído por completo del propósito legítimo de insertar a la Nación en la presente dinámica internacional, y sacarle el mayor beneficio posible. El mundo está cambiando a pasos agigantados y se están produciendo alteraciones en todas las actividades humanas. La inserción en sí es difícil, pero peor lo será para quienes -países y personas-, por falta de visión e inoperancia, queden al margen de esa realidad. Resulta paradójico que se desperdicie la experiencia cosmopolita y abierta de Panamá en un periodo de la humanidad de mayor comunicación e interdependencia. No se está aprovechando la vocación histórica y geográfica del país. La integración económica con los vecinos, que es un imperativo sobre todo para naciones pequeñas, marcha a desgano y a pasos lentos. La inserción internacional no es un asunto que quite el sueño a los dirigentes panameños. El de hoy es un país sin iniciativa, a remolque, con un sistema educativo atrasado y carente de creatividad; que desconoce su relevancia estratégica en un mundo globalizado, y que hace poco por salir beneficiado de las oportunidades que acompañan los cambios. Es una peligrosa falta de sintonía con el mundo internacional, que nos puede costar muy caro.
Hoy por Hoy 2003/01/07
07 ene 2003 - 05:00 AM