Esa película ya fue vista. Primero la conmoción y el impacto por la agresión brutal y, después, cuando las aguas bajan, el asunto cae en el olvido, la frontera oriental sigue desprotegida y los moradores de sus comunidades, desamparados e indefensos. La incursión violenta en Darién de insurgentes colombianos origina una avalancha de promesas oficiales para el reforzamiento de la seguridad en la región, no se adoptan las medidas adecuadas y finalmente se repite el ciclo de los ataques. El terror y la muerte que llevó hace una semana un contingente de irregulares a poblados darienitas constituye una réplica de hechos similares acaecidos en los últimos años. Antes que Paya y Púcuru, sufrieron los rigores de un conflicto ajeno las comunidades de Boca de Cupe, Nazaret, La Bonga y La Miel, donde se registraron todo tipo de abusos en contra de los panameños a manos de los insurgentes colombianos. Los compatriotas de aquellas remotas áreas han quedado entre la espada y la pared de dos acérrimos enemigos, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que operan en la región del Chocó. La autoridad panameña debe entender que el problema de la seguridad en Darién, a diferencia del concurso Miss Universo, es de estricta urgencia nacional, y que, en consecuencia, debe actuar en atención a los más caros intereses nacionales.
Hoy por Hoy 2003/01/25
25 ene 2003 - 05:00 AM