La tortura y otros vejámenes precedieron al asesinato de cuatro panameños a manos de insurgentes colombianos que penetraron en la selva darienita. Los informes forenses preliminares indican que, en el periodo previo a su muerte, los compatriotas de la etnia kuna fueron víctimas de la crueldad y la saña por parte de sus captores, identificados por pobladores de Paya y Púcuru como integrantes de un escuadrón de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), adversarias acérrimas de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). A uno de ellos le amputaron un brazo y lo decapitaron. La cabeza aún no ha aparecido. Otro fue acuchillado en el abdomen. Y en su mayoría fueron acribillados con armas de grueso calibre. Desde el periodo del régimen militar no se registraban en el territorio nacional hechos tan aberrantes. El asesinato brutal de Hugo Spadafora se constituyó en 1985 en el detonante en contra de la violación sistemática de los derechos humanos. Si bien en la vecina Colombia estas atrocidades son parte de lo cotidiano, nuestro país no puede considerarlas como normales. La masacre de Paya debe ser investigada con toda rigurosidad, para lo que se precisa la colaboración irrestricta de las autoridades colombianas para identificar a los responsables y castigarlos. No debe quedar ninguna duda de que la tortura y hechos degradantes como los cometidos en la región fronteriza son intolerables.
Hoy por Hoy 2003/02/01
01 feb 2003 - 05:00 AM