Cuando Abraham Lincoln, en su memorable discurso de Gettysburg, clamó por un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, subrayaba lo que la evolución de la democracia ha establecido como su principio fundamental: la voluntad soberana reside en el pueblo y el Gobierno existe en virtud de esa voluntad, delegada mediante procesos electorales, con el propósito de procurar la mayor felicidad posible al mayor número de personas. Nuestros gobernantes parecen o simulan ignorarlo, al prestar oídos sordos a las voces que se han levantado en contra de la proyectada carretera Boquete-Cerro Punta, que atravesaría el Parque Nacional Volcán Barú y el Parque Internacional La Amistad. Diferentes grupos ambientalistas advierten sobre el riesgo que representaría este proyecto para el abastecimiento de agua de los ríos Chiriquí Viejo, Chiriquí y Caldera [este último suministra el agua a la hidroeléctrica Estrella-Los Valles]. La obra además pondría en serios aprietos la población de quetzales que anida en el área y que se encuentra en peligro de extinción. Mientras en otras latitudes es prioritario el manejo racional del medio ambiente, en los estrechos pasillos de la política local pesan consideraciones egoístas, que buscan beneficiar, según los denunciantes, a un pequeño grupo de allegados al poder presidencial. Nada es tan peligroso, escribió Rosseau, como la influencia de los intereses privados en los negocios públicos.
Hoy por Hoy 2003/02/07
07 feb 2003 - 05:00 AM