El sentido común identifica a un magistrado de la Corte Suprema con el decoro y la ponderación. Lo demanda la dignidad del cargo de administrador de la justicia de los hombres. Las publicaciones, la trayectoria y las credenciales académicas complementan esas cualidades que exige el sentido común, el menos común de los sentidos. Riñe con las funciones de un magistrado, especialmente del máximo tribunal de justicia, la desfachatez, el sesgo y la conducta arrabalera. Un funcionario de tal jerarquía está obligado a construir doctrina, a dictar jurisprudencia y a guardar distancia del griterío tropical cotidiano. Por estas razones, han chocado en la opinión pública recientes comentarios emitidos por el magistrado Cigarruista. Sus declaraciones han echado más sal a la herida del escándalo sobre los entretelones de su ratificación legislativa y la de su colega Spadafora, acaecida hace 12 meses, al admitir que ambos obtuvieron los puestos gracias a compromisos adquiridos entre la presidenta Moscoso y los legisladores. La Pastoral Social Arquidiocesana y dos grupos que son pilares de la sociedad civil como el Foro Panamá 2020 y la Alianza Ciudadana pro Justicia piden a la Corte Suprema de Justicia que investigue con seriedad las denuncias de sobornos a cambio de la ratificación de ambos magistrados. Frente al clamor ciudadano, el máximo tribunal tiene que hacer algo y poner un alto a su grave descrédito.
Hoy por Hoy 2003/02/14
14 feb 2003 - 05:00 AM