Las finanzas de un país deben manejarse con transparencia, especialmente si garantizan la gestión de financiamiento de obras de envergadura como pudiera ser la modernización y eventual expansión del Canal. Pero nuestro gobierno escogió la vía más fácil, pero absurda, para hacer sus balances contables. No solo ha politizado las cifras, sino que ha querido esconder una realidad deficitaria que la comunidad venía sospechando con cosmetologías baratas incompatibles con los principios de contabilidad moderna. Pasar las cuentas del Canal al hoyo negro del Gobierno central requiere de mucho tupé, porque coloca al país en sintonía con escándalos de la factura de Enron, Adelag y Worldcom. Las calificadoras de riesgo están enviando sus señales de rechazo por este maquillaje a las finanzas públicas, por lo que el Gobierno deberá aceptar su responsabilidad y reconocer el error de querer gastar lo que no tiene. Luego de este desastre el país ha perdido credibilidad y ha quedado gravemente herido, lo que le dificultará aún más atraer inversiones. A pesar de que hay varias formas de vestir a un payaso, el Gobierno escogió la que más risa da: la de convertir en un circo las finanzas oficiales.
Hoy por Hoy 2003/02/15
15 feb 2003 - 05:00 AM