Fiesta de la locura la denominaron en la Edad Media y más de un Papa prohibió la festividad pagana. El desenfreno y la alegría desbordantes que arrancan hoy en ciudades y poblados panameños y del resto del mundo son la versión contemporánea de los rostros enmascarados y los cuerpos pintados para espantar los demonios de la mala cosecha que ideó el hombre diez mil años antes de Cristo. Este tipo de festividad se practicó en la Grecia Antigua, en la Roma imperial y en el Egipto de las pirámides. En la Europa medieval, el Carnaval fue un arma de rechazo a la ortodoxia de la Iglesia Católica y del poder político, que andaban juntos cuando no eran lo mismo. Es una manifestación cultural no oficial y revestida de sensualidad y excesos. De la transgresión se pasa al recogimiento de la Cuaresma, como manda el catolicismo. La pasión de la temporada no es distinta en Panamá. Sea en Las Tablas, en Dolega o en la capital, la violencia -aumentan los homicidios, las riñas y los accidentes de tránsito-, la vulgaridad y el desorden conviven con la afectividad, la familiaridad, la fantasía, la creatividad y el encuentro fraterno. La festividad es un punto de alegría popular ante los pesares cotidianos y que de alguna manera integra a los distintos grupos sociales. Que la diversión consustancial a una fiesta tan antigua y tan efímera no deje a ningún compatriota heridas que después haya que lamentar.
Hoy por Hoy 2003/02/28
28 feb 2003 - 05:00 AM