Los resultados de las encuestas de opinión pública, cuando cumplen el rigor científico, reflejan la temperatura interior de la ciudadanía y evidencian el sentir de la población. Por esa razón, más que criticarlas, hay que analizarlas, independientemente de que gusten o no. En el caso de la Asamblea Legislativa es notable que tiene la mayor percepción de corrupción, el menor nivel de credibilidad y genera el más profundo de los desencantos. Gracias a ello, la mayoría de los legisladores deberá hacer un esfuerzo titánico si pretende reelegirse. Pero a otros no les será tan difícil, pese a haber hecho lo posible para tener todo en contra. De nada valen las virtudes o las aptitudes. Se premia al que menos asiste a las sesiones legislativas o a sus comisiones de trabajo o al que recibe denuncias por contrabando o ambas cosas. Ese es, precisamente, el que es percibido como el más honrado y el más trabajador. La Asamblea, que debe ser el templo donde se crean las leyes que enrumban la República, es ahora plataforma de inverosímiles sorpresas. Y mientras tanto, la ciudadanía yace cómplice, observando complacientemente todas ellas ..., y las acepta. Con razón el dicho, de que cada país se merece los gobernantes que tiene.
Hoy por Hoy 2003/03/16
16 mar 2003 - 05:00 AM